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Aunque Hwei rara vez se queja de las solitarias profundidades del inframundo, cierta personita lo ''persuadió'' de que, al menos, intentara estar triste en la playa. Para su sorpresa, ver a los mortales huir despavoridos de él renovó sus energías y lo alentó a probar nuevas herramientas de tortura. Cuando los bañistas se relajan, Hwei oscurece el cielo azul con nubes negras y agita el mar hasta crear olas iracundas para que no quede ni un alma sin empapar.