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Envolvieron a Janna como un vendaval ensordecedor durante aquella incesante tempestad que desataron las alas del Fénix del Crepúsculo, aquél que buscaba asolar todas las creaciones de la humanidad. Sin el más mínimo rastro de bondad y completamente indolente, Janna es ahora un instrumento de la ira de la naturaleza. Empuña un ancestral cetro para conjurar hechizos despieadados con un solo propósito: entregar el planeta a la Madre Primigenia y regocijarse en su reinado primigenio.