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Ni los demonios se salvan de enfrentar a los Kindred. Por un lado, la Oveja ofrece sosiego: un final que apaga el incesante hambre con la que todo demonio carga. Por el otro, el Lobo les ofrece un último festín de emociones que, aunque tentador, evoca la sensación de un apetito que jamás se sacia. Juntos, suponen la elección final de cualquier demonio: todo o nada.