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Detrás del altar yace el largo camino al infierno. Con una sonrisa mordaz, el hombre frente a él le dice "Lo que muerto está, muerto se queda''. Quizá eso sería lo correcto, pero Akshan no busca aprobación alguna. Llegó hasta aquí para cruzar las llamas del infierno y no permitirá que nada se interponga entre él y su objetivo: ni la ley, ni la muerte, ni un cazarrecompensas sermoneador que se jacta de ser el dueño del camino. Sin mediar otra palabra, Akshan apunta a los dientes del charlatán y amartilla el percutor.