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Tras el altar, el camino al infierno se abre de par en par. Con una mueca, el hombre afirma: "Lo que está muerto muerto se queda". Y puede que así sea, pero Akshan no pide permiso a nadie. Vino en busca de un pasaje y nada lo detendrá: ni la ley, ni la muerte ni un cazarrecompensas sermoneador que afirma ser el dueño del camino. Akshan apunta con su arma a la mueca del hombre y aprieta el gatillo.