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En el momento en que un chef estresado mezcló albóndigas vencidas, fideos mal cocidos y salsa de tomate hipersalada en una olla, la mediocridad se transformó en perfección. No obstante, cuando lo sirvieron en el plato de una comensal que lo sepultó bajo una montaña de queso parmesano, Vel'Koz se asqueó. ¿Cómo puede haber gente con un gusto tan vulgar? Sin pensarlo dos veces, rodó por la mesa y escapó rumbo a lo desconocido, en busca de un paladar digno de su exquisitez.